El origen de la palabra ‘idioma’ y otras cinco etimologías

IDIOMA. El origen de este término hay que buscarlo en el latín tardío idiōma, con el valor de ‘peculiaridad de estilo’. En griego, de donde procede esta voz latina, el ídios hacía referencia a lo ‘propio’ o ‘particular’ de uno; así, para los antiguos helenos el René Quirós_ idioma.pngidíōma era un ‘medio de lo propio o particular’, o sea, la forma específica de hablar de una persona o el estilo literario de un escritor. Con este sentido evolucionó a ‘lenguaje propio de una nación’. En español, la palabra idioma aparece documentada por primera vez con esta última acepción en el Quijote (capítulo VI de la primera parte), donde Cervantes la pone en boca del cura Pedro Pérez: “Ahí anda el señor Reinaldos de Montalbán con sus amigos y compañeros, […], y en verdad que estoy por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto; al cual, si aquí le hallo, y que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno, pero, si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza”.

FRENÉTICO. Es el estado en que se encuentra una persona dominada por el frenesí, o sea, que sufre una exaltación violenta por efecto de algún sentimiento, por lo general de rabia o de enfado. En 1611 escribía el lexicógrafo Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana que el frenesí o frenesía (voz caída en desuso) era “una especie de locura causada accidentalmente de la gran calentura, la cual mitigándose cesa”.René Quirós_frenético.png Y es que esta perturbación del ánimo así llamada hacía referencia en su origen a una enfermedad, caracterizada por fiebre intensa, hiperactividad y delirios. Las raíces del término nos lo revelan: deriva del latín phrenēsis, que a su vez proviene del griego phrenîtis o frenitis, literalmente ‘inflamación del diafragma’. No obstante, la frenitis es en verdad una inflamación cerebral que causa los síntomas arriba citados. Este desajuste conceptual se entiende porque hubo un tiempo en que para los antiguos helenos la mente no residía ni el cerebro ni el corazón, sino en el phren, el diafragma, el músculo pectoral encargado de la respiración. Este fue primero la sede del miedo, la angustia, las emociones, y luego pasó a ser la del pensamiento. Esto explica por qué encontramos el lexema griego phren-, tanto con el significado de ‘mente’ como de ‘diafragma’, en palabras como esquizofrenia, frenopatía (enfermedad mental) y nervio frénico (o del diafragma).

MANDARINA. El nombre de este fruto originario de China, conocido también como René Quirós_mandarinanaranja mandarina, deriva de mandarín, palabra que nos llegó a través del portugués mandarim. Este fue el término que usaron los marinos y comerciantes lusos para denominar a los funcionarios chinos de la época imperial con los que debían tratar para llevar a cabo sus negociaciones, y que más tarde sirvió para designar la variedad de chino con la que estos oficiales se expresaban, es decir, una forma culta del dialecto pekinés. El vocablo mandarim, a su vez, hunde sus raíces en la voz mantri, de origen sánscrito, con la que en algunas culturas asiáticas, caso de la indonesia, se aludía a los consejeros o funcionarios de Estado. En consecuencia, hay quien afirma que la mandarina fue bautizada así por su color, anaranjado como el traje del mandarín; según otras opiniones, sencillamente se la llamó de este modo porque procede del país de los mandarines.

PISTOLA. Las primeras armas de fuego cortas se remontan a la Europa del siglo XVI. Se trataba entonces de pequeños arcabuces de llave de rueda conocidos como pistoletes (del francés pistolet, ‘pequeña arma de fuego o pequeña daga’), más reducidos, seguros y René Quirós_pistola.pngligeros que sus predecesores, el cañón de mano, desarrollado en el siglo XIII, y el arcabuz de llave de mecha (siglo XV). Más adelante, en el siglo XVII, se adoptaría la voz pistola para referirse a cualquier arma ligera corta que pudiera empuñarse con una sola mano.

Su etimología no está clara. Por un lado, se afirma que llegó al español a través del alemán Pistole, ‘arma de fuego corta’ (de donde también procedería la voz gala pistolet), que a su vez vendría del checo pis’tala, ‘caramillo, flautilla’, vocablo con el que se designaba las armas de fuego. Por el otro, hay quien defiende que la aparición de este vocablo podría estar relacionada con la provincia italiana de Pistoia, en la Toscana, célebre por sus armerías.

LINCHAR. El verbo linchar, que apareció por primera vez en el diccionario de la Real Academia en 1899 y que derivó en linchamiento, ha llegado a nuestra lengua a través de René_Quirós_linchar.pngla voz inglesa lynch, muy difundida a finales del siglo XVIII como resultado de la llamada ley de Lynch. De este modo era conocida la práctica de ejecutar a alguien sin mediar un juicio previo y que podía llevarse a cabo con lo primero que estuviera al alcance de los verdugos, como garrotes o la rama de un árbol donde colgar al supuesto delincuente. Este procedimiento sumario lleva el apellido de su artífice: el estadounidense de origen irlandés Charles Lynch (1736-1796). Luchador infatigable contra los ingleses durante la guerra de Independencia de los Estados Unidos, este juez de Virginia se tomó la ley por su mano en 1780 condenando a la horca sin proceso legal a un grupo de leales a la Corona británica. No obstante, el capitán William Lynch, coetáneo de Charles que también vivió en Virginia en aquellos años de conflicto, reclamó en 1811 la autoría de susodicha ley. Aseguraba que esta nació de un acuerdo de 1780 que suscribió junto con algunos de sus conciudadanos del condado de Pittsylvania para impulsar su propia justicia a la hora de condenar a los acusados de un delito. Pero el peso de las acciones impulsadas por el juez Lynch inclinó la balanza en favor de este.

AGUINALDO. Se desconoce el origen de esta palabra, que designa el regalo o donativo que se da por Navidad. Sin embargo, existen varias hipótesis que intentan desentrañar René Quirós_aguinaldo.pngsu historia. Una de las más aceptadas sostiene que se trata de una alteración de aguilando, voz caída en desuso que provendría de hoc in anno, ‘en este año’. Esta locución latina era muy usada en refranes y canciones populares que aludían al año nuevo, momento en que se repartían los obsequios. Dicha tradición, que hemos heredado de los romanos, estaba extendida en diversas culturas, como la celta, cuyos druidas o sacerdotes en el solsticio de invierno recolectaban en los bosques eguinand, esto es, ‘muérdago’, planta considerada sagrada. Y hacían entrega de ella como dádiva para desear buenas cosechas en el nuevo ciclo que iba a comenzar. Por esta razón, algunos autores se inclinan a pensar que aguinaldo provendría de esta voz celta.

 

 

 

 

 

 

 


Nota: Ilustraciones de René Quirós para la revista Preguntas & Respuestas de Muy Interesante (n.º 39, 2017), donde publiqué este artículo en la sección «De palabras».
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