57 voces de origen mitológico

A diario usamos multitud de palabras sin saber que detrás esconden el nombre de un personaje histórico, caso de nicotina, de Jean Nicot de Villemain, quien introdujo el tabaco en Francia en 1560; o uno de ficción, como lazarillo, diminutivo de Lázaro, protagonista de la novela anónima La vida de Lazarillo de Tormes (1554). Estos vocablos con nombres y apellidos se conocen como epónimos, y tal vez más de un lector se sorprenda al saber que el léxico español cuenta con varios miles de ellos. A continuación, ofrezco una selección de cincuenta y siete cuyo origen se halla concretamente en la mitología clásica, esto es, en sus dioses, semidioses, héroes legendarios y criaturas fabulosas:

anfitrión. Esta voz se popularizó con el sentido de ‘persona que tiene convidados a su mesa o en su casa’ gracias a la comedia homónima (1668) de Molière en la que se afirma que “el verdadero Anfitrión es aquel en cuyo hogar se cena”. La obra está basada en el personaje de la mitología griega Anfitrión, valiente soldado de Tebas y nieto de Perseo.

atlas. Este libro que reúne mapas, generalmente geográficos, debe su nombre al titán Atlas, gigante al que Zeus condenó a cargar con la bóveda celeste sobre las espaldas.

averno. Sinónimo de infierno, designaba en la cultura grecolatina el lugar adonde iban los muertos. El acceso a este inframundo se hallaba cerca del monte Vesubio, en el lago Averno, voz de origen heleno que significa ‘sin aves’: los vapores nocivos que emanaban de sus aguas las mantenía alejadas.

caco. Cuando en uno de sus trabajos Hércules regresa de Hispania con los bueyes de Gerión, un monstruo de tres cabezas y legendario ladrón llamado Caco le roba unas cuantas reses. Al descubrirlo, Hércules sale en su busca y le da muerte.

cancerbero o cerbero. Bestia de tres cabezas, el can Cerbero era el encargado de custodiar las puertas del inframundo heleno, el Hades. Para ello, se aseguraba de que ningún alma pudiera escapar y que ningún vivo pudiera entrar. Hoy, por extensión, se aplica el vocablo al portero o guardameta.

cereal. Viene del latín cerealis, ‘perteneciente a Ceres’, diosa romana de la agricultura y la fecundidad, cuyo equivalente heleno era Deméter. No solo la palabra genérica para las plantas gramíneas como el trigo y el centeno honra a esta divinidad, sino también las voces cerveza, cervecero o cervecear. Incluso un planeta enano del cinturón de asteroides descubierto en 1801 lleva el nombre de Ceres. Este asteroide, por  su parte, sirvió de inspiración para nominar al elemento químico cerio (Ce), cuyo hallazgo tuvo lugar dos años después.

ciclópeo o ciclópico. Aluden estos adjetivos a los cíclopes, gigantes con un solo ojo en la frente que poseían una fuerza prodigiosa. Además de forjar las armas de los dioses, se les atribuía el levantamiento de todos los grandes monumentos de la Antigüedad, integrados por enormes y pesados pedruscos, y que llegarían a ser conocidos como construcciones ciclópeas. De ahí que ciclópeo (o ciclópico) se aplique a aquello que por sus grandes dimensiones resulta excesivo.

cupido. Se dice del hombre enamoradizo y galanteador. Esta voz halla su origen en la mitología romana, donde Cupido constituye el dios del deseo amoroso. Es representado generalmente como un niño desnudo y alado, armado con arco, flechas y aljaba. Su equivalente entre los helenos era Eros, del griego éros, ‘amor’, del que tenemos erótico y erotismo.

dédalo. Es el laberinto, enredo o lugar con calles y encrucijadas de donde es difícil salir. Por alusión a Dédalo, personaje mitológico a quien el rey Minos asignó la construcción del célebre laberinto de Creta. Allí escondería el monarca al Minotauro, vergonzoso fruto de la unión de su esposa Pasífae con un toro divino.

dionisiaco (o dionisíaco) y báquico. Ambos adjetivos hacen referencia a lo relacionado con el vino o con la borrachera. Dioniso, fue el dios griego del vino y la sensualidad, y Baco, su equivalente romano. Dionisiaco también se aplica a lo que se caracteriza por el desenfreno, el ímpetu vital, y se contrapone a apolíneo, de Apolo, dios heleno de la música, la poesía y la luz, representado por un joven de gran belleza que posee las cualidades de serenidad y elegante equilibrio. De ahí que también llamemos al varón muy guapo hombre apolíneo o, sencillamente, un apolo.

eco. El fenómeno de la repetición de un sonido reflejado por un cuerpo duro lleva el nombre de la bella ninfa Eco (del griego ēkh, ‘ruido, eco’), que poseía gran facilidad de palabra. Fue castigada por Hera, esposa de Zeus, a repetir la última palabra que otros pronunciaban.

enero. Procede de Ianuarius, llamado así en homenaje a Jano, el dios latino de las puertas, representado con dos rostros, porque este mes miraba tanto al año anterior como al que sigue, esto es, al pasado y el futuro.

eólico. Debemos este término al Señor  de los Vientos, el dios griego Eolo, a quien Zeus dotó del poder de controlar las masas de aire a su antojo. Habitaba en las islas Eolias y estaba muy presente en el magín de los navegantes que se aventuraban a alejarse de la costa.

estentóreo. Decimos que un sonido es estentóreo cuando es fuerte, ruidoso o retumbante. La expresión alude a Esténtor, personaje de la Ilíada, cuyo grito era tan potente como la de cincuenta hombres juntos.

grifo. Llamamos grifo, criatura mitológica de cuerpo de león y cabeza y alas de águila, a la llave del agua porque antaño esta solía tener forma de animales fabulosos.

hércules. Decimos de alguien que posee gran corpulencia que es un hércules. Este término hace alusión al semidiós romano homónimo –llamado Heracles por los helenos–, cuya figura se hizo célebre y popular por su extraordinaria fuerza. De ahí también el adjetivo hercúleo.

hermafrodita. Se aplica al organismo que posee los órganos reproductores de ambos sexos y alude al hijo de Afrodita y Hermes, Hermafrodito, quien adquiere tributos de ambos sexos cuando la náyade Salmacis, locamente enamorada de él, lo abraza al tiempo que pide a los dioses que no los separen jamás.

hermético. Significa ‘de Hermes’, concretamente de Hermes Trismegisto o Hermes el Tres Veces Grande. A este personaje mítico, que nace de la fusión del dios egipcio de la alquimia Tot y el dios griego Hermes, se le atribuye un sistema filosófico y espiritual conocido como hermetismo, así como el logro de conseguir la estanqueidad de un recipiente mediante un proceso químico.

junio. Entre los romanos, junio era el cuarto mes y estaba dedicado al culto de Juno, esposa de Júpiter y diosa del noviazgo y la maternidad. Junio, del latín iunius, significa ‘[mes] propio de Juno’.

marzo. Este era el mes que los romanos consagraron al dios de la guerra, Marte. Del nombre de esta deidad también derivan martes y marcial. Y el planeta  rojo, por su color que recuerda el de la sangre, fue bautizado de este modo.

mayo. El mes de las flores fue bautizado así en honor de Maya, que para los romanos era la diosa de la primavera.

medusa. Los tentáculos urticantes de este animal marino son la razón de que haya adoptado el nombre de una de las tres gorgonas, despiadados monstruos femeninos. De ellas, Medusa era la única mortal; podía petrificar con la mirada y tenía serpientes venenosas por cabello.

mercurio. Los alquimistas del Medievo bautizaron este elemento químico con el nombre de Mercurio, mensajero de los dioses, por comparación de la movilidad de este metal con la de dicha divinidad romana. El planeta homónimo, al igual que el día miércoles (en latín dies Mercŭri, ‘día de Mercurio’) la honran.

morfina. En 1804, el farmacólogo alemán Friedrich Sertürner aisló esta sustancia, que, en 1817, por sus potentes propiedades narcóticas y analgésicas, llamó morfina, en honor del dios heleno del sueño Morfeo. A esta deidad debemos también el dicho estar en brazos de Morfeo, que no significa otra cosa que dormir.

museo. Deriva del griego mouseion, literalmente ‘lugar en el que habitan las musas’, las diosas inspiradoras de las artes.

odisea. Alude a las desventuras por las que pasa el héroe Ulises (Odiseos en griego) en su viaje de regreso a Ítaca y que están plasmadas en la Odisea, de Homero.

pánico. Viene del dios griego Pan. Infundía terror por su insaciable apetito sexual, que lo empujaba a perseguir a las ninfas en los bosques; y emitía gritos y sonidos sobrecogedores, que atemorizaban a quien los oía.

parca. Se usa poéticamente esta palabra como sinónimo de muerte: en Roma, las Parcas, tres hilanderas, personificaban el destino: una presidía el nacimiento; otra, el matrimonio, y la tercera, la muerte, que era la que cortaba el hilo de la vida.

quimera. Para los antiguos griegos la khímaira, ‘animal fabuloso’, era una criatura con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente que escupía fuego. Debido a su carácter fantástico, su nombre se aplica en sentido figurado a la ilusión que se considera real o posible.

sirena. El nombre del mecanismo que emite un sonido potente que se escucha a distancia hace honor a esas criaturas marinas con cuerpo de mujer hasta la cintura y de pez o de ave hasta los pies, con cuyo canto atraían a los navegantes más incautos, que eran devorados por ellas.

tántalo o tantalio. En 1802, el sueco Anders Gustaf Ekeberg descubrió este elemento químico metálico (de número atómico 73 y símbolo Ta) y lo bautizó con el nombre latino tantalum, por su nula capacidad de absorción del tántalo cuando se mete en ácido. Esta característica le recordó al personaje mítico Tántalo, célebre por el castigo que hubo de sufrir: sumergido en agua hasta el cuello, no podía beber porque el líquido retrocedía cada vez que él trataba de introducir la boca en él.

titán. Un titán es una persona de fuerza excepcional o que descuella en algún aspecto. Debe su nombre a los Titanes, ciertos gigantes que pretendieron asaltar, sin éxito, el Olimpo y hacerse con el poder divino. De ahí que apliquemos el adjetivo titánico a aquellos esfuerzos desmedidos o excesivos para lograr algún fin. A estas deidades debemos asimismo el término titanio, nombre del elemento químico, de número atómico 22 y símbolo Ti, acuñado en 1795 por el químico alemán Martin H. Klaproth, por las propiedades de este metal, similares en dureza a las del acero.

tritón. De este modo se llama un anfibio urodelo de unos doce centímetros cuya cola es más larga que el resto del cuerpo. Fue bautizado así en honor del dios griego Tritón, hijo de Poseidón y Anfitrite. Con el tiempo este mensajero de las profundidades marinas fue asociado con una serie de criaturas híbridas —cuya parte inferior del cuerpo era la de un pez— que formaban parte del cortejo de Poseidón.

troyano. Este gentilicio hoy hace referencia al malware informático que, de incógnito, se aloja en un ordenador y brinda al atacante acceso remoto al equipo infectado, del mismo modo que en la guerra de Troya los griegos se ocultaron en un caballo de madera para acceder a la ciudad y destruirla.

venéreo. En latín, venereus, que significa ‘relativo a Venus’, la diosa de la belleza y el deleite sensual, designaba todo mal que era contraído por contacto sexual. También la voz veneno, de venēnum, alude a esta deidad: antaño, los romanos recurrían a filtros para despertar el amor o el deseo sexual, conocidos en la antigua Grecia como afrodisíacos, en alusión a la divinidad equivalente, Afrodita. Más tarde, venēnum pasaría a designar todo tipo de pócimas y medicamentos, pero también aquellas sustancias que podían causar la muerte. Por cierto, el viernes era el Veneris dies, ‘el día de Venus’, que estaba bajo la influencia del segundo planeta de nuestro sistema solar y que se denominó Venus, por su bello e intenso resplandor. Por último, también usamos el término venus para referirnos a la mujer que sobresale por su belleza.

vestíbulo. El nombre de esa sala que suele estar ubicada nada más entrar a un edificio proviene del latín vestibulum, que alude a Vesta, para los antiguos romanos, la diosa del hogar.

volcán. Del latín Vulcānus, Vulcano, que, en la mitología romana, era el dios del fuego y los volcanes —llamado Hefesto por los helenos—, que emergía cuando aquellos entraban en erupción. Era el encargado de forjar a los dioses sus armas.

 

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Nota: Publiqué este artículo en tres entregas en la sección «De palabras» de la revista Preguntas & Respuestas de Muy Interesante (números 42, 43 y 44, de 2017).

 

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