La voz ‘trabajo’ tiene su origen en un instrumento de tortura

Los trabajos de Persiles y Sigismunda es el título de la última novela cervantina, publicada póstumamente en 1617. En ella, el autor no narra las ocupaciones u oficios de los personajes, sino los infortunios que estos padecen en sus peregrinas aventuras. Y es que trabajo, en su novena acepción del Diccionario, significa ‘penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz’. A decir verdad, nada tiene de extraño relacionar el trabajo con el suplicio. Así lo señalaba en 1611 el lexicógrafo Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana: «A cualquier cosa que trae consigo dificultad o necesidad y aflicción de cuerpo o alma llamamos trabajo».
Pero lo cierto es que esta asociación de ideas viene de lejos, desde el origen mismo de la palabra: procede del latín vulgar tripiliare, ‘torturar’, y este a su vez deriva de tripalium, ‘tres palos’, que era el nombre que recibía un temible instrumento de tortura. Este artilugio, que ya existía en el siglo VI, estaba formado por tres estacas cruzadas a las que era atado el reo para golpearlo o azotarlo. Fue en el siglo XIV cuando trabajo empezó a usarse con el significado actual, que acabó imponiéndose.

 

José Antonio Peñas.jpg
Ilustración de José Antonio Peñas para la revista Preguntas & Respuestas de Muy Interesante (n.º 33, primavera de 2015), donde publiqué este artículo en la sección «De palabras».

 

 

 

 

 

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